El boxeo, el arte y su historia

Por Nicolás Ghigonetto

El boxeo puede ser considerado arte. Cada una de sus manifestaciones pugilísticas tiene el color y la magnitud de una verdadera obra. Desde una visión externa, vemos al combate como un desafío que sobrepasa lo deportivo, que se desliga del simple detalle técnico y que se sumerge a una batalla (al decir de Graziano) “por la supervivencia”. Si la lucha no fuera por tal, el boxeo quedaría reducido a un plano táctico e instrumental. Pero, debido a que en el cuadrilátero se despliega ese “algo más”,  es que el boxeo se encolumna dentro de un ámbito místico y artístico.

Así como la historia del arte vive en los museos, dentro del boxeo podemos imaginar uno. Y, si nos dejamos llevar un poco más por la magia que tenemos a nuestro alrededor, no existe mejor museo que una colección de videos que proyecten peleas. No existe mejor museo del boxeo que los recuerdos de cada round en las videotecas personales, archivos de internet y documentales compilatorios.

Las batallas pueden repetirse innumerable cantidad de veces, pero, cada vez que se las reproduce,  poseen una diferencia: el espectador ya sabe el resultado. Saberlo hace que miremos una nueva batalla. Hace que percibamos cada golpe dentro de un todo organizado para ganar la pelea o cada error será el indicio de una derrota. El combate repetido está plagado de detalles que no muestra el “en vivo”. Y, mejor aún, la visión de la historia, expuesta en retrospección, muestra cómo se encadena toda la historia del boxeo. Cada uno de los campeones, sus gestas, su victoria, su ocaso y, como consecuencia, el nacimiento de una nueva estrella. Es así como podemos empezar a ver la historia de Mike Tyson desde cada una de sus caídas hasta llegar a su comienzo esplendoroso; y así con cada una de las figuras del ambiente.

Tal es así que hemos decidido mostrar nuestro “museo imaginario” del boxeo. Un recorrido personal por tres etapas del boxeo que, lejos de pretender una justeza y eficiencia histórica, busca dar una visión de la historia vista desde nuestra perspectiva. Simultáneo a la historia del boxeo, estableceremos un enlace con la historia del arte (una posible historia escogida), para poder comparar el desarrollo de ambas.

El origen del boxeo

En una primera instancia, el arte nace de la mano de lo sagrado, las religiones. Las primeras obras (de arte)impulsaban el mensaje de los dioses y poco importaba su belleza estética, el valor residía en su adoración a la divinidad. En el boxeo era al revés. Las primeras luchas registradas a finales de siglo XIX y principios de XX contenían una fuerte carga de “paganismo”, crueldad y una escasa cantidad de leyes que determinen la lucha. Ésta fue la época de Sullivan, Corbett, Jeffries, y,ya en una etapa de transición, Jack Dempsey, Firpo y Tunnie. El boxeo comenzaba a gestarse como institución y en ese primer período existían más boxeadores “fuera de la ley” que dentro de lo permitido. El boxeo circulaba por los márgenes de la sociedad y poco importaban los luchadores que se enfrentaban. La sangre prevalecía por sobre los nombres.

Es muy recordado por historiadores del deporte el primer round de la pelea en el que “el toro de las pampas” cae siete veces y Dempsey es arrojado fuera del ring y, a pesar de ello, ninguno pierde la pelea. Otro famoso episodio es el de la pelea entre Dempsey y Tunnie en el que el segundo cae a la lona y el primero “olvida” la nueva regla de replegarse al rincón neutral para que el réferi comience el conteo. Al suceder esto, el tercer hombre sobre el cuadrilátero empieza las acciones de manera tardía y se le otorga más tiempo al caído para restablecerse y continuar la lucha.

Llegan las reglas y los dioses

Luego de la primera etapa, el arte muda, gradualmente, de lo sagrado a lo profano. Se comienza a expulsar a los dioses del olimpo misericordioso y se pone el acento sobre el hombre. Es así que nace la Edad Moderna con su Renacimiento, Ilustración, Humanismo y demás corrientes.  En el boxeo se da un proceso inverso. Comienzan a crearse “los ídolos”, “las divinidades”. Comienzan a surgir las denominadas “peleas del siglo” y, como correlato, los dioses que se debaten en el Ring. Los boxeadores se hacen conocidos masivamente. El boxeo pasa a ser un asunto nacional. Las reglas se delimitan con mayor claridad. Es así que encontramos, dentro de esta etapa, momentos diferentes en que los héroes comienzan a gestarse fuera del ring y las peleas se debaten “asuntos” externos a los del deporte en sí:

  • En primer lugar, una etapa de lucha racial. Los negros eran harto perseguidos y los púgiles que ganaban el título de peso pesado debían ser blancos y norteamericanos. El problema surgió cuando Jack Johnson entra en escena y “le arrebata” el título máximo, para la época, a Tommy Burns. Desde ese momento comienza una de las grandes batallas del siglo: “El Gigante de Galveston” vs “La Gran Esperanza Blanca”, como llamó Jack London a una sucesión de combatientes (entre ellos el ex campeón Jeffries) que nada pudieron hacer contra el -denominado por muchos- “más inteligente boxeador de la historia”.
  • En un segundo momento, encontramos las “luchas xenófobas”. Una de las batallas más recordadas es la de Joe Louis y Max Schmelling en la que la afición norteamericana apoyó al alemán en la primera pelea (debido a que su compatriota era negro) y, en la revancha, a su par nacional (debido a que a Schmelling se lo vinculaba con el nazismo).
  • Un tercer momento nos presenta a la batalla (para muchos) más importante de la historia: Muhammad Ali vs. Joe Frazier. Ambos eran considerados los mejores peleadores de la época pero también ambos tenían formas muy distintas de moverse en la vida. Alí se había opuesto a su reclutamiento para la guerra de Vietnam y se presentaba como una figura icónica para la rebeldía de los ´60, mientras que Frazier había pedido al presidente Nixon que se retire la pena contra su rival para poder realizar la pelea. Uno, odiado por blancos y negros conservadores yamado por un espíritu de cambio de la época, el otro, ponderado por los conservadores y odiado por liberales. Constituyeron una pelea que fue tan larga dentro del Ring (tres peleas) como fuera (con cruces mediáticos largos y tendidos). La lucha constituyó un drama político en primera plana, donde, por fin, las diferencias raciales se mantenían latentes pero no eran la actriz principal.

Podríamos enumerar más peleas en las que dos bandos se enfrentaban, por ejemplo, Tyson vs Holyfield, Durán contra Leonard. Lo importante de la numeración es que al ring subieron púgiles que encarnaron la imagen del “ídolo” y el público clamó por alguno de los artistas en el ring.

Debemos hacer una aclaración. Esta segunda etapa (al igual que la primera) sigue permaneciendo en la escena boxística. Rasgos de ambas se siguen desplegando por cada una de las veladas. Sin embargo, como tratamos de demostrar, el acento, en diversas etapas de la historia, se va poniendo sobre una u otra característica.

El olvido de los dioses

El arte actual llega a una etapa de reflexión. Las Vanguardias y las corrientes posteriores llevan a que el arte comienza a ser una práctica que se muerde la cola. Los problemas de pintura pasan a ser objeto de estudio de filósofos, los críticos valen más que los mismos artistas, las obras “no se entienden” sin su explicación. Existe una conceptualización del arte que lo subyace y lo domina. En el boxeo se da un giro similar en algún punto. Se comienza a percibir una victoria de la “estrategia”. Los púgiles dejan, muy de a poco, de ser “ídolos” para ser técnicos, máquinas de pensamiento, ambiciosos por el estado físico. Cada vez menos importa la destreza o picardía de un púgil. Ahora, a la batalla la gana la táctica y la resistencia.

El boxeo entra en una etapa en donde las peleas se toman su tiempo. Los boxeadores se miden mucho y se agazapan otro tanto. Cada uno estudia debajo del ring al otro y los golpes se calculan a la perfección. El aire en los pulmones es una cuota muy importante y quien saca ventaja en el manejo del tiempo de la pelea tiene una gran posibilidad de ganar.

Las tácticas están cada vez más estudiadas y los púgiles saben de ante mano cómo se va a plantear la pelea. Ya no es el estilo de uno contra el estilo de otro, sino un estilo que se adapta y prepara para contrarrestar al otro.

Los boxeadores son intelectuales de la lucha. Pero, debemos ampliar el panorama. Esta nueva camada es tan rápida dentro del ring como por fuera. Los púgiles forman parte de la organización de sus peleas, son parte de las promotoras, analizan la “conveniencia” de las peleas, las adelantan, las atrasan o comúnmente, no las realizan.

Los ejemplos más destacados son los de Oscar de La Hoya y Floyd Mayweather Jr. Ambos púgiles se mueven (o han movido) como peces dentro del ring y fuera de él. De la Hoya, abandonada su actividad en el cuadrilátero comienza a promover boxeadores. Dentro de él, se movía con fluidez, tomaba distancia, media al opositor. Un peleador exquisito que, además de su inteligencia, tenía buena pegada. El caso de Mayweather es parecido. Siempre expectante, siempre midiendo los tiempos, es un especialista de la media y larga distancia. Es el boxeador al cual no se lo puede medir. Sus golpes son precisos y exactos y, además, reina el boxeo desde hace 16 años. Fuera del ring se maneja con mayor libertad. Pelea contra quien quiere y le da rédito económico. No acepta peleas en las que se las ve complicado (la gran pelea contra el Paquiao de años atrás). Su capital económico se acrecienta con mayor proporción a su nivel táctico.

La táctica y la estrategia sobrepasan el Ring. La “conveniencia” es su alma mater. La “bronca” entre boxeadores está claramente subordinada a los negocios. Esto tampoco es nuevo, existió siempre, pero, en la actualidad, con el mercado a disposición del boxeo, se ha acrecentado.

¿Será el futuro la época definitiva del boxeo táctico? No es bueno hacer pronósticos cuando uno no es adivino. Pero seguro que tendrá sus rounds buenos y sus momentos malos. No creemos que logre dominar al deporte por completo pero sí impondrá, de ahora en adelante, sus sabias y medidas condiciones.

 

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