La autoridad es un bien común

Vicente Soto es un carabinero chileno que desempeñó funciones en la fuerza máxima desde 1981 hasta 2005. Hoy está alejado de sus funciones, disfruta de una buena jubilación y persigue sueños de niño que, en su juventud, no pudo atrapar debido a su deber ético.

De piel morena y ojos que delatan cansancio, arrugas que maúllan su edad y pelo al viento que se opone al corte americano que empleaba cuando cumplía funciones, hoy Vicente ya no es más “Soto”. Afirma que el trato por apellidos es algo que quedó atrás y, si bien es consciente de la añoranza, es tiempo de nuevas prácticas.

Una de ellas, la reflexión sobre su pasado, presente y el futuro que lo desvela cada noche.

Hablamos con él en su paso por Río Cuarto, ciudad que visita tras haber estado recorriendo la parte austral del país.

¿Qué lo trae por acá Oficial Jefe?

Luego de mi retirada de las fuerzas armadas chilenas, ha comenzado un viaje reflexivo dentro de mi mente. Un viaje que busca arrancarme del tiempo psíquico y del espacio chileno, precisamente, para conocer Argentina.

¿En qué consiste ello?

Te explico, el trabajo militar requiere de ciertas seguridades que deben ser muy sólidas, tanto durante el ejercicio como finalizado el mismo. Yo siempre he sido un militar de los más duros (risas) y a eso lo mantengo, pero creo que en el ocaso de la vida siempre es bueno hacer catarsis.

Reflexionar todo lo que nunca reflexioné en tiempos de trabajo (más risas).

¿Sobre qué hechos concretos un militar debe hacer catarsis?

Un militar jamás debe hacer catarsis, sólo se debe dedicar a cumplir ordenes o a ordenar según demande la patria; pero sí pueden reflexionar sobre sus acciones los que ya están retirados, aquellos que en sus días de ocio, bien merecido ocio, se retiran al campo a ver la civilización no ya como un campo de concentración sino como una calma insoslayable.

¿Qué acciones de su actividad militar usted pondría en jaque?

No se trata de ponerlas en jaque, ya que no pretendo cambiar lo ya hecho. Se trata de reflexionar acerca de si fue justo o injusto mi accionar durante mi estadía en el ejército pero también se trata de pensar cómo seguir adelante. El trabajo militar arroja instancias duras para un ser humano débil. No es mi caso, siempre fui duro, pero siento que en este momento de mi vida debo buscar salidas óptimas a aquellas flaquezas que vienen por la noche (risas).

¿Cómo cree superar “esas flaquezas”?

La familia, eje estructurador de mi tiempo, mi vida y mi felicidad

¿Vino con ellos?

Es un poco loco, estamos todos en Argentina, pero no juntos. Mi hija ayer me mandó un mail diciendo que estaba en pampa del infierno, chaco; mi esposa debe haber llegado hoy a caleta de los loros en el sur y yo acá en Río Cuarto de paso a San Luis.

¿Tienen puntos de encuentros?

No determinados, pero sí en lo que va del viaje nos vimos dos veces, una en Bs As para hacer trámites y, otra vez, me encontré con mi señora para arreglar “asuntos internos” (más risas).

¿Qué es la autoridad para usted?

La autoridad es un bien común. Un derecho casi de elite que han conseguido los ciudadanos de casi todo el planeta. Desde el mismísimo Platón se viene hablando de ella, y creo yo, gracias a esas cavilaciones se ha llegado a lo que hoy gozamos como justicia.

La autoridad es parte esencial del Logos, del raciocinio que el hombre obtuvo al serle otorgado el fuego. Prometeo nos dio el lenguaje, la razón y, con su castigo recibido, nos enseñó a obedecer.

¿Cree usted que la autoridad de hoy en día es la mejor de la historia?

Te decía, Prometeo tuvo una condena que hoy no se aplica a las personas que habitan las cárceles comunes. Sacando campos de concentración y cárceles de máxima seguridad que tienen sistemas de torturas, que no conocemos ni conoceremos, el resto vive en paz y armonía. Todos los presos saben que han obrado mal y la escasez de libertad es una buena medida para penarlos.

¿Usted se considera un filósofo de la justicia?

Un practicante de ella, y, en mi vejez, un desvelado por ella.

 ¿Por qué es tan importante la autoridad?

Con autoridad se organiza a la ciudadanía tanto para la vida como para la muerte. Nosotros somos los garantes de justicia. Los jueces dictaminan, nosotros, las fuerzas armadas, sometemos a los injustos a rever sus actos.

¿Qué quiere decir usted con “sometemos a los injustos a rever sus actos”?

Por más que suene mal, le hacemos ver a los “descarriados” cuál es el camino a seguir y que tan mal estaban yendo por la senda delictiva.

¿Cuál es la metodología que emplean?

Eso varía en cada estado y cada estado toma eso como secreto.

Retomemos sus cavilaciones ¿Qué cambiaría en torno al ejercicio de su libertad?

En líneas generales, nada. Es un sistema que trata de conseguir que la gente posea respeto hacia alguien uniformado, ese respeto se basa en un reconocimiento de sus funciones, o sea, la gente sabe que una persona uniformada jamás le haría daño a un ciudadano que realiza sus actividades diarias; y no sólo eso, sabe también que lo protegerá si alguna desdicha le ocurre. Como dije antes, organizamos la vida de la ciudadanía.

Entonces, ¿qué cambiaría de ese sistema cuasi perfecto?

Algunos abusos aislados de autoridad que no son ordenados por los superiores. Existen, siempre existirán, camadas de soldados, agentes, y personas con cargos inferiores que se tomarán atribuciones que sus superiores no les han dado. Pero eso no forma parte del sistema; eso es una falla humana.

¿El sistema no está hecho por humanos?

¡Totalmente! pero, como te dije, la reflexión sobre el tema se remonta a tiempos remotos, y éste, ha sido perfeccionado (y lo seguirá siendo) constantemente. No es ya un sistema epocal, nos trasciende, nos supera, nos ha dado más vida de la que teníamos.

¿Qué amenaza nuestras vidas?

La injusticia, el deseo del otro a tener lo que yo tengo. Ese deseo ha sido creado, lamentablemente, por el sistema capitalista. Hoy las publicidades mercantiles son superiores a las propagandas educativas, eso hace que cualquier persona desee tener lo que no todos podemos comprar. Ese es el motor delictivo número uno, seguido de un alma determinadamente corrupta.

¿Qué tipos amenazas externas pueden dañar nuestras vidas?

¿A qué se refiere?

Por ejemplo, si llegaran extraterrestres al planeta tierra, como ocurrió con frecuencia en estos últimos cincuenta años en Argentina,  y quisieran invadirnos ¿qué rol cumplirían las fuerzas armadas?, ¿atacarían?

Dije antes que nosotros organizamos la vida, ya que tratamos de eliminar o neutralizar las amenazas, por supuesto que dispararán los que desempeñen funciones, pero, si la amenaza persiste no dudaremos en morir de pie; dije antes, organizamos “nuestras muertes”.  Seremos nosotros [las fuerzas armadas] los que organizaremos los lugares de refugio de los ciudadanos, las resistencias, y también, los suicidios colectivos. Todo debe salir de una manera ordenada y prolija.

La conversación siguió un poco más, volvimos a poner la pava unas tres veces y encendimos algún que otro cigarro. Soto se vio ansioso, por momentos, al exponer sus últimas reflexiones, pero también se veía limitado a dar información que sus obligaciones de antaño le impedían dar.

Nos habló abiertamente de algunos gajes del oficio y de momentos de gloria. Todo ello queda en nuestras memorias. Un abrazo fraterno, casi igual al de Videla y Pinochet, luego de cesado el conflicto en el Beagle.

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