Arcade Fire: las creencias, la infancia y los espejos por Sebastián Pugliese

Por Sebastián Pugliese

En la manía por descubrir y disfrutar música nueva, el criterio a veces exige mutaciones. Gracias al acceso irrestricto que hoy podemos tener a la música, el cual no deja de ser increíble, a veces nos podemos aburrir al no encontrar nada que signifique algo realmente nuevo o nos maraville desde un primer momento. Arcade Fire aparece desde la nada misma y llena todo posible espacio vacante, ayudando a que nuestro criterio pueda seguir mutando. ¿Cómo lo hicieron? Bueno, vale la pena detenerse a pensarlo.

Banda canadiense, lo cual es extraño, no estaría fuera de lo común encontrar una buena banda indie de Estados Unidos, Inglaterra o algún otro país europeo, pero Canadá realmente no estaba en los mapas del rock masivamente escuchado, hasta que este intrépido y desprejuiciado grupo de amigos y familiares apareció. Banda liderada por una pareja. Así es, lo mismo que pasa con Edward Sharpe and The Magnetic Zeros, banda indie folk estadounidense, pasa con Arcade Fire: el jubiloso amor que emana entre  Win Butler y Régine Chassagne funciona como un motor artístico oculto, anónimo y desinteresado. Es revitalizante escuchar sus discos y percibir cómo sus voces se mezclan en una sola, cómo, por detrás y casi imperceptiblemente provocan que la canción logre su objetivo: nos transporte.

Banda conformada por multi-instrumentistas. Al ver un recital nos resulta curioso que todo suene tan armónicamente, ya que cada dos canciones los integrantes van rotando sus instrumentos. Los doce músicos que suben al escenario bajo el nombre de Arcade Fire (seis de ellos fijos, ya que son los fundadores, y los seis restantes aparecen y desaparecen dependiendo de las giras o el estilo de concierto que deben ofrecer), son como camaleones. Los instrumentos tienen muy poca pertenencia, de repente podemos ver a alguien tocar el acordeón, y luego subirse a la batería, pasar por la percusión, quedarse en los teclados,  a alguien más agarrar el bajo y más adelante tocar la guitarra, etc. Es por eso que al escuchar atentamente las canciones de un mismo disco, parece colarse por alguna grieta alguna otra banda, que no tiene nada que ver con la canción anterior. Esa sensación ayuda a la pluralidad de sonidos, haciendo que la banda no se encasille, ni cierre sus puertas a nuevas búsquedas musicales. Esto no es muy difícil de entender, sobre todo cuando pensamos en las influencias: puesto que, el sonido de esta banda está fuertemente marcado por gente como David Bowie, Peter Gabriel, The Waterboys, The Cure, Talking Heads, música étnica de Haití, de África, etc. Es una banda experimental, y al mismo tiempo tiene cierto sello propio, ambivalente, pero logrado gracias a la poesía de las canciones. Y creo que es aquí donde está el elemento fundamental para entender de qué forma lograron posicionarse como una de las mejores bandas de rock del momento.

En los cuatro discos de estudio que grabaron no existe una canción carente de sentido, todas refieren a algo verdaderamente relevante, tanto para nosotros, el público, como para ellos mismos: hablan de la niñez, de la más desgarrada, nostálgica y entrañable niñez, de las razones que provocan nuestras creencias más aferradas, de los reflejos, el reflejo con el otro, con uno mismo, de aquellas imágenes que imponen autoridad, miedo, serenidad, y que no son más que eso: el reflejo de un espejo, social, colectivo o individual. Cada letra es significativa por alguna razón, retomando el concepto de disco conceptual, con una idea básica rondando a lo largo del álbum, logrando que cada punto de inflexión, musicalmente hablando, sea extremadamente emotivo, dramático, paradójico y teatral.

Funeral, su primer disco, cuenta con mucha fuerza de choque, inspirando a muchos artistas, sean músicos o escritores, ya que incluso se ha escrito una novela inspirada en la poesía de este álbum debut. Fue elegido como uno de los mejores discos de la década del dos mil por muchas revistas sobre arte indie y cultura rock. Contó con buenas críticas desde el primer momento, por parte de muchos especialistas, lo cual hizo que se posicionara como uno de los discos favoritos de personajes muy importantes como el mismísimo David Bowie. El nombre, y esto es más una opinión personal, refiere a la muerte de aquel niño que todos fuimos en algún momento, y al haberlo dejado morir, todo lo que sigue es un funeral sin más; sin embargo, en algunas entrevistas, la banda confesó dos cosas: el nombre se deriva de que en el año de su grabación muchos de sus familiares fallecieron y también que tiene cierta relación con el sentido de las letras de las canciones. En éstas, están presentes diferentes sentimientos hacia y de la niñez: la tristeza al ver cómo el mundo y las relaciones humanas cambian, queriendo escapar a cualquier lugar, la pureza de esa inocencia perfecta y añorada, la relación con los padres, las aventuras soñadas y nunca realizadas, las preguntas, las perdidas, las búsquedas, las mentiras, el sentido de pertenencia con el entorno, con el barrio, la calle, las hamacas, los faroles, las historias, las fabulas, las anécdotas, el primer enamoramiento, la tranquilidad de no tener ninguna responsabilidad. “Me gusta la paz en el asiento trasero: No tengo que conducir, no tengo que hablar, puedo mirar el paisaje del campo…” exclaman las ultimas frases del disco.

Neon Bible, es un disco plagado de muchas más metáforas e imágenes alegóricas: el mar, la noche, el faro, el pozo, las pesadillas. Aquí esta explorado el sentimiento de la incertidumbre ante la inmensidad, ante la nada. La sabiduría devenida creencia. Dios reflejado en la luz, o la luz en Dios, pero se trata en cualquier caso de una luz artificial, una luz de neón. Las situaciones límites que nos llevan al nihilismo: la guerra, el crimen, los errores irremediables. La fragilidad de lo real, la rigidez de las ideas, el cuerpo como celda, la mente como el carcelero odiado que tiene la única llave para liberarnos y la desesperanza al ver que no lo va a hacer.

The Suburbs, su penúltimo disco hasta el momento, funciona como los resquicios de un diario íntimo perdido en algún juego de la infancia. Retomando la idea de Funeral, los hermanos Butler vuelven más literalmente sobre su propia infancia viviendo en los suburbios de su ciudad natal. Un disco mucho más introspectivo, donde todas aquellas ideas desarrolladas en Funeral son potenciadas, y explicadas con ejemplos concretos. Las primeras canciones son como ejercicios mentales para recordar, para volver a los primeros años de vida como espectador y cuando al fin estamos listos, entonces volver a ver el barrio en las afueras de la ciudad, los faroles expandirse, los supermercados levantarse a lo lejos como único paisaje disfrutable. Las bicicletas rotas sobre el asfalto. Los grandes cambios llegando para arruinar todo. Las risas, las peleas, la pubertad, el traumático paso de una etapa a la otra, y todo lo que queda en el camino, que quizás sea todo lo que valdría la pena ser. “Estoy dejando pasar el sentimiento de nuevo, a veces no puedo creerlo…” canta Win Butler sobre los últimos acordes que cierran el disco.

Reflektor, es la última gran apuesta de Arcade Fire, y no se queda atrás en comparación con los discos antecesores. Con un sonido más eléctrico y ritmos más marcados, percusiones más exploradas y vientos que logran resonancias nuevas, nos sumergimos en un ir y venir provocados por los espejos y reflectores que escupen imágenes de lo que somos o dejamos de ser. Espejos o reflectores que pueden funcionar como cámaras que filman permanentemente y pueden quitarnos el alma, nos pueden llegar a despersonalizar, haciéndonos creer que existimos más que antes, transformándonos en una supuesta persona normal.

Vale la pena volver una y otra vez a la música y poesía de esta banda Canadiense, para entender un poco mejor cómo es que hoy se puede hacer rock significando y dejando cierta huella reflexiva. La esperanza para todo el caos y la nostalgia narradas en las canciones está justamente en que cada vez más gente escucha su música y se siente parte de aquellas anécdotas y metáforas, arengando así a un espíritu crítico de un pasado, un presente y un futuro que seguramente no entendemos muy bien. Queda esperar a ver a que otra aventura nos invita esta inquieta familia de artistas.

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