La filosofía y la masturbación por Randy Haymal

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Por Randy Haymal

Filosofía es igual a masturbación mental. Esta frase la he escuchado últimamente con cierta frecuencia, su procedencia me es ajena, pero, de alguna forma, se ha infiltrado en el discurso común. Con lo cual, podemos pensar a partir de los análisis heideggeriano de la cotidianidad, que tal mentada frase remite al Uno impersonal. Mi hipótesis, al respecto, es que éste dicho encubre cierta lógica capitalista. Y enseguida se me hace presente la distinción entre valor de uso y de cambio de Marx. Esta frase (masturbación mental) devela la imposibilidad de cuantificar a partir del dinero el valor de una idea. ¿Cuánto vale una idea, un plano conceptual?  ¿Quién lo consume? Pues, si no vale nada, entonces es fútil, es: masturbación mental.

Pero, antes de seguir con la hipótesis planteada, me gustaría detenerme un poco en la propia filosofía. La filosofía anterior a cualquier implicancia política o social que pueda o deba llegar a tener, tiene primeramente una incidencia en esa existencia solitaria que lee. No solo transforma despersonalizando nuestros criterios del pensar, sino que modifica nuestra forma de sentir y de relacionarnos con el mundo. Cuando uno lee filosofía expone su pensamiento-cuerpo. ¿Cómo medir esta implicancia de la filosofía sobre nuestro pensamiento-cuerpo? Obviamente no estoy en una postura ingenua y obviando las editoriales, las cátedras que se cuantifican en puntos, etc. Pero, lo que planteo va en otra dirección: a lo que el capitalismo es insensible y no puede pensar, es a la incidencia de la filosofía sobre la subjetividad-cuerpo. En tal sentido, la filosofía básicamente no vale nada, es tan improductiva como el amor y tener hijos.

Yo siempre me he preguntado por qué la filosofía me completa de un modo diferente a los demás objetos mundanos. Cambiemos de sendero por un momento, para tratar de rodear la cuestión. Digamos que el capitalismo produce la falta, o sea, el capitalismo produce valor, que no se reduce al uso, es decir, que no tiene nada que ver ni tiene por objetivo la satisfacción de una necesidad. Pero, el valor como aquello que propulsa al deseo, suponiendo que el deseo quiere aquello reconocido, aquello que posee valor, se enfrenta a una paradoja: el valor se esfuma todo el tiempo (es básicamente la falta, es el fantasma, la ilusión perpetua que crea el capitalismo y, por la cual, se sigue sosteniendo). El valor no se puede consumir, sino que en el intento de aprovecharlo desaparece, o sea, se traduce en utilidad. Pongamos un ejemplo simple, ahorramos, nos compramos el auto deseado, un auto caro, con mucho valor. Pero, cuando lo sacamos del concesionario pierde absolutamente el valor, es usado, en el uso el valor se evapora. Los primeros días lo cuidamos tratamos de mantener esa ficción, le decimos a los chicos que no coman en el auto, que no apoyen los pies en los asientos, etc. Con el tiempo (y este tiempo parece que se va reduciendo cada vez más) los chicos apoyan sus pies en el auto, comen, uno mismo come, el valor se esfuma por completo, el auto se reduce al uso. Y, enseguida, empieza a surgir el deseo de cambiarlo, se vuelve viejo y sucio. Podríamos decir que así se va mutando de objeto en objeto. Es en este sentido que el capitalismo produce la falta, y es por esta producción incesante en la cual el sujeto está completamente inmerso que el capitalismo se regenera todo el tiempo.

Desde esta perspectiva, la filosofía puede pensarse como un objeto que completa de un modo diferente porque de alguna forma escapa a la lógica capitalista. Si la filosofía no puede ser cuantificada, medida, determinada, no posee valor. Tal vez habría que abrir más estos espacios, o abrir en cada espacio este mismo espacio, ya que no creo que esto solo sea un rasgo peculiar propio de la filosofía.  No hablo de la filosofía académica, la cual sí es cuantificada, las cátedras están medidas por puntos, las publicaciones también, todos los logros académicos son reducidos a lo cuantitativo. Sino que hablo del trabajo en casa, de la lectura no obligatoria, del escrito que publicaste o no. Pero, que si lo hiciste a pesar de que va a ser medido, esta medida no va a poder dar cuenta de la modificación subjetiva que produjo y la consecuente gratificación, siendo esto justamente lo que vale y lo que llena, eso que no posee valor justamente, pensado desde el capitalismo, eso que para el discurso común es masturbación mental. Con lo cual, la filosofía pareciese hacernos experimentar otro cosa, otro tiempo, distinto a este tiempo posmoderno caracterizado, como dice Bauman, por la liquidez.

En esta época capitalista el tema de la identidad se torna esencial, ya que como dice Pardo nadie parece poder construir su historia porque le cambian el guion en cada capítulo. Ya no se pueden hacer proyectos a largo plazo porque son agujereados, como nuestra narrativa y todo lo demás. Estamos en la época de la liquidez. No obstante, a pesar de que las filosofías posmodernas proclamen la muerte del sujeto, de la identidad, en son de una caverna mucho más profunda que la platónica, la filosofía en tanto actividad, disciplina si se quiere, nos permite vivenciar otro tiempo, que ya no es el del capitalismo. La filosofía nos permite tomar un rasgo fijo y bajo ese rasgo producir variaciones infinitas.

 

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