Entrevista a Javier Magistris

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Entre el 7 y el 12 de Octubre se realizó, en Río Cuarto, la décima feria del libro y el octavo ¡Aguante Poesía! La revista “La Guacha” se hizo presente y estuvimos dialogando con uno de sus directores: Javier Magistris.

La Guacha, los orígenes y sus planteos

Javier Magistris: La Guacha nació en 1997, el primer número fue en noviembre de ese año y nació con un criterio periodístico, es decir, tratando de cautivar al lector común, ofreciéndole lo mejor de la poesía. Por eso hicimos algo restringido a la poesía argentina y la circulación a través de kioscos de diarios y revistas, porque nos pareció que era el modo de llegar al lector más amplio. 17 años después creo que hemos acertado porque, primero fuimos la única revista que quedó en el mercado, no hay hoy a nivel de circulación nacional otra revista [de poesía]; y segundo porque las ventas nos permiten autofinanciar el proyecto. Tiramos 3000 ejemplares en todo el país y tenemos una venta aproximada, de acuerdo al número, por el efecto, en general siempre la tapa, entre 800 y 1200 ejemplares de venta. Comparado con lo que se hace en las ediciones del libro de poesía, podemos estar contentos. El criterio siempre fue el mismo, plantear desde la tapa una problemática a través de un rostro, que encarna esa problemática: podría haber sido Baudelaire  en ese momento preguntando quién fue el Baudelaire argentino, o quién es el Baudelaire argentino o Pizarnik, Girondo, Borges, Adúriz, o sea, poetas ya muertos y poetas vivos. José Di Marco fue tapa nuestra en el 2009 (se abordó el neobarroco, el objetivismo y la problemática de Bs As  y el interior). Siempre tratamos de corporizar un primer espacio en la publicación que tenga que ver con una problemática que nos parece interesante plantear a los lectores desde el punto de vista poético. Y el resto de las páginas está dedicado a la difusión de material: difundir eventos, autores con entrevistas o poemas, la sección tradicional de críticas, el correo de lectores, cosa de que se muestre lo que tiene que ver con la heterogeneidad de la poesía argentina.

Yo creo que una de las cosas que  ha marcado diferencia en la revista nuestra es que ha tenido entrada para todo aquel que escriba poesía, incluso aquellos principiantes. Nosotros en alguna época hacíamos que un poeta reconocido recibiera poemas de poetas no conocidos, devolviera un comentario y eso saliera en las última dos páginas. Así fue como publicamos a Marcelo Dughetti, por ejemplo, por primera vez; y en el correo de lectores publicamos por primera vez a Gustavo Borga, de Villa María, que nos mandó una carta y un poema. Nosotros lo publicamos, porque ese poema de Gustavo era impresionante…impresionante, además la carta era superemotiva, como es él, ¿viste…? Cálido, bien seco, en el sentido de que no es un hombre  de mucho elogio, pero es un tipo muy cálido. También se ha usado eso para cuestionar nuestra línea editorial, eso de que entre todo el mundo, muchas veces fue usado en nuestra contra, pero no renunciamos a eso, porque nos parece que, como dijimos recién, Dughetti fue comentado por un escritor y hoy ya es un poeta con cinco libros con una proyección hacia adelante.

La Guacha y el circuito literario

JM: Si no se centra en el lector, esto [la revista] no sirve. Hacer una revista durante diecisiete años para estar contento uno, no existe. Es ego nada más. Si nosotros lo que nos proponemos es que haya un lector, lo que tenemos que hacer es que el modo de presentar a las distintas editoriales a los distintos autores y distintas problemáticas poéticas, llegue a un lector. Por eso digo que la idea nuestra es generar ese público. En la medida de lo que pudimos hacer, nos satisface como resultado.

La suscripción es un modo de ampliar también, porque para nosotros, 3000 ejemplares en todo el país es poco, aunque vender más es una locura, porque, ya te digo, de tres mil, vendemos mil doscientos como mucho. Vendimos mil quinientos cuando hicimos en el 99 Cabeza final, con Carlos Pereiro de del Dock, hicimos una edición conjunta con el cuál Joaquín Gianuzzi había ganado el Premio Nacional en el ’92. Fue el primer libro que regalamos a los lectores. Los libros que nosotros regalamos no aumentan el precio de la revista, es un regalo. Un regalo pensando en el lector, para que el lector tome contacto con obras y editoriales que no son frecuentes. La idea es esa siempre, tener esa proyección pensando en un mercado lector.

La Guacha y el mercado

El Dedo: Pero es complicado, ¿no? Porque, por ejemplo, hoy los que vamos a buscar poesía, por ahí tenemos también un interés por la escritura, pero el lector al que no le interesa escribir, muchas veces está acaparado por otro mercado.

JM: Creo que hay también parte de responsabilidad en las librerías en que no exhiben correctamente lo que es el género. .Es como si fuera vergonzoso. También es muy común que las grandes cadenas, tipo Yenny, te mezclen teatro con poesía, sin ningún tipo de discriminación, y no son las peores. Pero creo que los libreros deberían hacer el esfuerzo, no es una crítica, es un comentario, porque hay muchos libreros que lo hacen, orientar el consumo del público. Si voy a buscar un libro y no está, debería poder ofrecerme una variante. Decir: “Mirá, vos querés este, pero tengo éste y éste que te puede servir.” Como para ampliar la base. Como si fuera meter atrás del gran carro de Gelman a todos los demás, usar los grandes nombres como el enganche, el anzuelo.

El Dedo: Pero pasa que en el mercado, están las propagandas, digamos, de Ñ o de la tele y después encima el librero te hace la propraganda. Te lleva al libro X, y tranquilamente lo podría hacer con el otro.

JM: Las editoriales también te ofrecen un banner grande para las novela de Florencia Bonelli, lo que está bien, pero no hacen lo mismo con la poesía. Aunque Gelman también podría arrastrar, pero las editoriales que lo sacan no hacen ese esfuerzo. En Capital no se ve eso. Es una pregunta que nos hacemos mucho y se la hacemos a los poetas: ¿Por qué el poeta cree que cuando un lector común va a una librería opta por Lorca, Bécquer, Neruda, Benedetti,  Gelman, hasta Vallejos te podría decir, que es difícil, y no por alguien de su tiempo que habla con el lenguaje de su tiempo. Ahí también está la pregunta por el lenguaje de la época que el poeta usa, que no se trata solamente de usar palabras de onda, si no poder enganchar con la problemática de lo que estamos viviendo.

La Guacha y la academia

El Dedo: Pensando en el libro de Fondebrider de los treinta años. Él va mucho a las revistas. ¿Qué relación tienen la revista con la academia cuando ésta sale a estudiar la poesía actual? ¿Tienen algún vínculo? ¿Sienten que La Guacha está incluida en ese estudio?

JM: No, no. Ahí sí, por ejemplo, Gustavo Zonana en Mendoza nos ha incluido en sus estudios. Alguna vez, en algún ensayo aislado se nos ha nombrado, Adúriz nos nombró en algún momento. Pero el grueso de la academia no. Yo creo que es por esta cosa heterogénea que tiene la revista. Nosotros, en cambio, sí hemos ido a buscar a muchos académicos, hemos convocado a Zonana, a Delfina Muschietti. Hemos convocado a tipos que piensan la poesía desde un lugar académico, y nos parece que está bien. Pero no creo que la academia contribuya mucho a la poesía argentina. Pero te podría decir que tampoco contribuye mucho a la narrativa argentina. Está como de espaldas a lo que sucede en la realidad. Es decir, que haya catedráticos que digan que Cucurto es poesía, que lo den en la cátedra, a mí me parece una locura. Pero es una opinión personal. Creo que es un desperdicio, porque el mismo que propone a Cucurto para leer como poesía, cercena a Marechal. Vos me decías, Marechal es un tipo que murió hace cuarenta años. Sí, y bueno está bien. Pero medí las obras, quién se sostiene en el tiempo y quién no. Cucurto es como un efecto de la contemporaneidad, un efecto de mercado, cartonero, la foto con los reyes de Holanda, que le dieron un premio. Es ese tipo de actitud. Y digo Marechal por decir alguien que me gusta. Pero podría decirte un montón que no me gustan que son tan brillantes como Marechal y que no se conocen.

La Guacha y las tensiones normativas

El Dedo: ¿Cómo se teje la relación entre el carácter anómalo de la poesía con los mecanismos de mercantilización y normalización de los horizontes de lectura? O, ¿Cómo se piensa eso desde La Guacha?

JM: ¿Vos decís si hay una norma? ¿O preguntás por los fenómenos marginales de la producción poética?

 

El Dedo: Claro, ¿cómo se teje la relación entre el poeta outsider del circuito con los poetas ya establecidos, incluidos en el cánon?

 

JM: Creo que el surrealismo no es interesante. Jamás me interesó. No creo que no tenga cosas valiosas, creo que sí tiene cosas valiosas. Pero La Guacha es como la mesa de cirugía de la metáfora surrealista. Para mí, hay que entender que la lengua poética de una época es la tensión de todas las obras que se están produciendo. Si hacés un corte en el tiempo, en este presente, vas a encontrar que hay obras que tienen mucho peso, pero estás agarrando obras que están naciendo. Y la verdad es que nadie puede saber quién vale de acá en más. La obligación de un medio periodístico es mostrar todo eso. En algún punto lo podés evaluar si hacés una reseña, pero nosotros siempre hemos tenido el criterio de que nuestra reseña es poeta contra poeta, es decir, no crítico sobre obra, sino qué vemos nosotros como amantes de la poesía. Creo que cuando nosotros publicamos, puedo decir, cuando hicimos una tapa en el año dos mil con Marisa Wagner, que era una mujer que vivía en el Moyano. Estaba loca, murió en el 2012, una poeta extraordinaria que recién ahora se la escucha nombrar. Una mujer de una vida muy tremenda por otro lado. Hicimos tapa con ella. O con José [Di Marco]. Te vuelvo a decir José porque en ese momento nosotros los pusimos en tapa y no era lo que sabemos que es ahora, ya lo era antes, pero no en cuanto al conocimiento que se tenía de él. Ahora publica en Hablar de poesía, en Fénix, discute con uno, con otro. Ya se lo referencia. Bueno, hicimos esa apuesta. O como hicimos en su momento con Rodolfo Edwards, que ahora sacó Con el bombo y la palabra, un poeta compañero, que no es una estética que nosotros practiquemos. Cuando lo hicimos, era un hombre muy conocido en el underground, pero nadie hubiera dado una tapa de Edwards. Ahora, la historia dirá si es menos o más que otro. Pero en ese momento, para nosotros mereció la portada.

La posteridad ubica cada obra, pero lo primero que no puede hacer nuestra revista, que no es la representante de un grupo, o de un ghetto, o de una tribu, es mostrar todo. Y eso creo que también se ha logrado con el tiempo.

La Guacha y contrahegemonía

El dedo: Eso va en contra, parece, de esta visión en la cual los poetas se autoexcluyen o se retiran, o se meten en una casucha y hacen sus ciclos de poesía mientras la gente no los va a ver. ¿No? Y mientras cada editorial nuclea ghettos. La Guacha, entonces, vendría a ser contracorriente. Porque si uno se pone a ver, es una lógica inversa a lo que era lo contrahegemónico en otra época, es decir, “no nos satiface la hegemonía, nos vamos y nos marginamos”, pero existía un público que leía lo marginal. Hoy la marginalidad quedó sola en una montaña y La Guacha sale a decir “acá traemos un caos poético, de estéticas, de autores…

JM: Esto de La Guacha fue romper con Diario de Poesía. Nosotros no nacimos contra Diario de Poesía, pero teníamos la percepción de que había solamente una gran publicación, porque era una gran publicación Diario de Poesía, pero no reflejaba para nada lo que pasaba en la poesía argentina. O sea, tenías mucha novedad que, en esa época, no sé si ustedes habían nacido, año 86, no se conocía prácticamente nada de lo que se escribía afuera, de lo nuevo. En ese sentido Diario fue un punto, pero cuando empezó a mirar hacia adentro empezó a legislar y decir éste sí, éste no, y a excluir. Y así armó el gran ghetto, en el cual muchos querían participar pero no podían entrar. Nosotros percibimos eso en relación al lector y propusimos este modelo de publicación. Y en ese sentido ha sido contracultural. Por ejemplo: Ni Claudio ni yo jamás hemos escrito un poema en la revista, jamás nos hemos publicado, lo tenemos prohibido. No a otros chicos que colaboran con nosotros, porque tampoco tenemos un grupo homogéneo de gente como para decir “ésta es la redacción de La Guacha”, no hay ese grupo de gente. Tenemos chicos que se acercan, que quieren participar, que quieren meterse en el ambiente, pero a Claudio y a mí nos hemos prohibido publicar, porque no pensamos que un tipo pueda montar un diario para poner sus poemas. Las opiniones sí, porque eso es el eje. Digamos, si vos querés hablar de X tenés que hacerte cargo de lo que querés decir, no podés mandar a otro al frente. Pero en cuanto a la producción poética, jamás la hemos usado para eso. Al contrario, hemos difundido todo lo que pudimos y vamos a seguir difundiendo todo lo que podamos. Y en ese sentido es contracorriente. El efecto, lo dirá el tiempo, si vos me decís el reconocimiento y la trayectoria, nosotros estamos contentos. Eventos como éste [Aguante Poesía, Octubre 2014, Río Cuarto, Cba] nos dan la pauta de que hay gente que nos lee. Ahora, si la academia nos lee o no, yo creo que sí, pero no siempre.

El dedo: Probablemente la academia, como siempre llega tarde, los va a leer tarde y, digamos, haciendo una especie de catarsis de esos malos actos y diciendo “bueno, fueron revolucionarios”, por ejemplo [risas]. Pidiendo disculpas.

JM: O que descubran algo que dijo un poeta en nuestras páginas, que no haya dicho en ningún otro lado, porque eso también nosotros los producimos. Nuestras entrevistas son tan directas y cálidas que no hay nada que esconder, cuando queremos plantear algo lo planteamos. En este número, con Pablo Anadón, la pregunta que abre el reportaje es esta “¿Cómo caracterizás vos a los que te ponen como un conservador?”, sabiendo él y yo que tenemos posiciones distintas con respecto a lo que pasa en el país. Pero yo le dije “loco, nosotros te queremos como poeta y como persona antes de hacer esta tapa, pensamos que tenés que estar en la tapa porque creemos que sos importante para los lectores, no porque nosotros coincidamos con lo que vos decís”. Entonces eso también es una apuesta que en algún momento hará que los estudiosos descubran a través de la revista cosas que se dijeron sobre la poesía argentina en esta época. No para orgullo nuestro, sino para entender cómo funciona el sistema en realidad, esa heterogeneidad que es la poesía argentina: una violenta heterogeneidad.

La Guacha y la publicación

El dedo: Un poco lo viniste comentando, pero ¿cuáles son las dificultades que fueron surgiendo con el paso de los años? ¿Costó instalarse como revista? ¿Qué problemáticas cotidianas tiene que enfrentar La Guacha?

JM: La más difícil, que tiene que ver con lo que nosotros no hacemos, es la distribución, que es un circuito que no manejamos. Los distribuidores de diarios y revistas tienen sus reglas, nosotros no las conocemos. Tenemos buenos distribuidores en el sentido de que nos tratan bien, pero no sabemos cuál es su relación con los kiosqueros. No lo sabemos, no tenemos ingerencia sobre eso. Hemos podido corregir algunas cosas que sucedían al principio. Por ejemplo: que la distribuidora del interior mandara doscientos ejemplares a San Bernardo en invierno. Y dijimos “loco, no viven ni doscientas personas en invierno en San Bernardo. No hagás esta boludez” Algunas cosas las podés corregir, pero si vas a un kiosco que está en el centro o a uno que está en las afueras, eso ya no podés saberlo. Porque cada distribuidor tiene su circuito.

Después lo otro que puede haber sido una dificultad, es la periodicidad, porque es mucho laburo. Al no tener una redacción, porque no nos interesa tener un grupo armando detrás la convocatoria de los escritores, la espera de la respuesta, la realización de la entrevista, el juntar el material y, después de tener el material, la selección del mismo, como Claudio y yo tenemos nuestras actividades personales con las que vivimos, la periodicidad es un problema. Nosotros hemos tenido años de mucha regularidad, como estos, que tenemos tres números al año, pero hemos hecho años de dos números, de uno, alguna vez hemos hecho cuatro. Pero eso, si vos pensás en el lector, es un problema, porque el lector está esperando que salgas cada tres meses, pero es difícil. Son dos preocupaciones cotidianas que tienen que ver con la llegada al lector.

Después, en lo que es conceptual, nunca hemos tenido problema porque la realidad te dicta qué tenés que hacer. Si vos ves qué está pasando, podés errarle en el tema, qué sé yo, podés proponer un tema X y que veas que no tiene el impacto que vos te propusiste tener, pero no que sea desacabellado. En su momento, cosa que estamos haciendo otra vez de a poco, hemos incorporado, mucho antes que Barcelona¸ giros de humor. Por ejemplo: antes de que saltara el problema de los senadores de la Alianza que fueron coimeados con la Banelco, publicamos en la contratapa una foto de Chacho Álvarez y de De la Rúa con versito, De la Rúa agarrándose la cabeza y el versito decía “Los senadores me aprietan, etc, etc”, parafraseando. Y antes de que Cavallo fuera ministro de economía de la Alianza, ponele que eso fue en marzo de 2001. Nosotros en noviembre de 2000 pusimos en contratapa “Bienvenido Dr. Cavallo, para evitar el derroche de dinero en la cultura”, antes de que fuera nombrado ministro. O sea que hemos tenido giros de humor en ese sentido, referidos a la realidad.

La Guacha y la política

El dedo: Entonces La Guacha actúa políticamente con una visión propia.

JM: Podemos decir que Claudio y yo tenemos una visión de lo que es el país. Ambos somos peronistas, fuimos antimenemistas, a pesar de que lo votamos en el 89 y festejamos su ascenso al poder, cuestionamos todas las medidas posteriores y los diez años. No lo volvimos a votar más, de hecho. Adherimos al kirchnerismo, pero nunca eso ha sido discriminatorio para que otros entraran. Incluso cuando hicimos poesía y peronismo, hicimos una hermosa entrevista con Graciela Maturo, que es absolutamente crítica del kirchnerismo. ¡Con causa, eh! Ella dice y explica en el reportaje por qué se opone al kirchnerismo, por qué cree que es una manga de farsantes, está dicho en la revista. A nosotros eso no nos preocupa, la democracia es así, es heterogénea, entonces hay que difundir esas ideas, y más si están en boca de poetas. Pero sí, tenemos intención de marcar algunas cosas en la realidad

La Guacha y la poesía

El Dedo: ¿Cuáles son tus preferencias poéticas? ¿Qué autores te gustan, actuales y de siempre, históricos?

 

JM: Te puedo decir primero los que me gustaron de acá. Me impresionaron los libros de Laura [García del Castaño]. Ya me había gustado La vida en que sueñas, pero éste me parece que es superior [El animal no domesticado]. Laura es una chica que…yo creo que Córdoba no se da cuenta de la potencia poética que tiene. Y las mujeres más, porque vos tenés a Letica Ressia, a Juana Luján, Laura Pratto, la misma Laura [García del Castaño], María Reineri. Por eso te digo, hoy justo le dije [a María Reineri], extraño ese poema de la electricidad y la mujeres que quedan sin electricidad y lo que podrían llegar a hacer. Me gusta mucho el grupo de gente de Cartografías, Marcelo [Fagiano], Pablo [Dema], José [Di Marco], Pedro [Centeno]. Digo, hay mucha potencia en Córdoba. Marcelo Dughetti también me gusta muchísimo. Bueno, eso no es para quedar bien, pero digo, son cosas que venimos ratificando año tras año. Diego  [Formía] también. Son tipos que tienen un concepto de lo que es escribir. Mi gusto personal en este momento: creo que Javier Adúriz de acá a diez años va a ser una referencia ineludible, las obras completas van a permitir ver esa perspectiva. Yo tenía los libros separados de él, porque los fui comprando en librerías de viejo, pero me doy cuenta de que verlo en una sola edición, como hizo del Dock, te da una perspectiva tremenda de un tipo que ha laburado la lengua poética argentina de una forma rarísima. Creo que se lo va a extrañar mucho además como teórico. Me parece que va a ser una gran falta, pero creo que es el gran poeta.

No por hablar de la tapa [de La Guacha], pero creo que es una voz muy importante Anadón. Es un autor que a mí me interesa mucho. Me interesa mucho Alejandro Schmidt, todo lo que escribe. Creo que es un poeta que encarna el espíritu de Almafuerte. Almafuerte, pero no Iorio [risas]. El Pedro V Palacios. Esa cosa bíblica, de latigazo, de verso que no es complaciente con el lector y de historias crudas, porque eso también está atravesado por dolor, no hay nada neutro ahí. La sensación de vacío, de sinsentido, todo ese tipo de cosas son determinantes. Me gusta mucho Enrique Solinas, creo que es un escritor muy prolífico pero además, muy en el estilo de él, ojo, el neorromanticismo, cruza con el objetivismo, pero con una impronta muy personal. Griselda García me parece una gran poeta. No puedo decir más porque es amiga, pero hay que leerla. La otra vez hicimos una jornada de los libros de La Guacha, en Bs. As., juntamos cien personas, y todos mis invitados que eran profesores y gente común dijeron “loco, compré el libro de Griselda porque es impresionante”. Tiene una crueldad muy particular para escribir.

Yo creo que la poesía es lírica. Para mí tiene que cantar, aún con la morosidad del razonamiento, como puede ser Oteriño o Sylvester, que es una línea más racional. Pero quiero decir que me parece que la poesía tiene que llevarte a poder recuperar un sentido de la experiencia cotidiana. Cualquier poeta que me conduzca ahí, está bien. Aunque no sea el mejor poeta. Cualquier poema que te lleve ahí está bien. Te salva un libro un buen poema. No necesitás veintisiete buenos poemas, con un verso…esa es mi percepción. Pero eso es tan difícil. Una vez lo escuché a Piglia decir, por qué si el siglo XIX tiene cinco escritores que valen la pena: Sarmiento, Mansilla, Hernández, etc; por qué en el siglo XX hay que tener cinco escritores geniales por semana. Hay que dejar que el tiempo decante, y creo que uno elije a partir de los momentos coyunturales que está viviendo.

El Dedo: Hablaste de las lenguas poéticas. Para vos, ¿qué tiene que tener la lengua poética para trascender? O sea, para que de acá a doscientos años digan que hay una lengua poética que se sigue leyendo.

JM: En abstracto, de apuro, te digo dos cosas: la sensación de tiempo, esa cosa que Machado le reclamaba a la poesía, la sensación de algo temporal, Borges también le reclamaba y le imprimía a su poética; y un salto que haga trascender la frontera de la imaginación y de la experiencia histórica del hombre. Decir algo que lleve, a través del lenguaje, a tirar más allá la frontera de la experiencia, que lo imposible sea posible. En eso, Teuco Castilla que en Gongo, un libro que nosotros editamos, tiene una capacidad de torcer la metáfora a tal punto que es capaz de expresar lo imposible. Eso no pasa con el tiempo, pasa lo que es muy coyuntural, eso que está muy pegado la realidad que vos no podés reconstruir, eso sí. Pero lo que es sensación de este presente, de tiempo y salto hacia adelante en los límites humanos, me parece que es…Es lo mismo que te pasa cuando leés el soneto del infinito de Leopardo, o Ed e súbito sera  de Quasimodo, son tres versos y decís ya está, qué sé yo. Podés no leer nunca más Quasimodo, pero eso ya te transportó a otra situación.

La charla continuó entre lectura y lectura de poesía. Con una amabilidad inobjetable y sus remeras de rock (pesado), Javier Magistris estuvo dispuesto a comentarnos sobre todo tipo de tema literario y, como buen conocedor, cosas que ni sospechábamos hablar pero que enriquecieron notablemente la nota.

Agradecemos su presencia en el ¡Aguante Poesía! Y su predisposición para la conversa. La próxima, seguramente, será con algún aditamento que se nos ocurra. A esperar el año próximo.

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