Reseña de La década posteada. Blogs de escritores argentinos por Pablo Dema

Por Pablo Dema

Acerca de la incidencia de las nuevas tecnologías en el campo literario argentino

Reseña de La década posteada. Blogs de escritores argentinos (2002-2012).

Diego Vigna. Córdoba: Alción Editora, Colección “Gryga” dependiente del programa “Nuevos frutos de las Indias Occidentales (estudios de la cultura latinoamericana)”, Centro de Estudios Avanzados, UNC, 2014, 237 págs.
Quienes se aproximan a trabajos de crítica literaria y cultural en Argentina se topan frecuentemente con textos autodenominados ensayos. Muchas veces se trata de agudas especulaciones plagadas de juicios valorativas sobre obras, autores y hechos culturales; con intención polémica y crítica y un fuerte sesgo subjetivo, estos trabajos suelen limitar severamente el aporte de datos que sostengan sus hipótesis. En el otro extremo, algunas investigaciones presentadas como trabajos finales en instancias de posgrado no logran ir más allá de la descripción exhaustiva de su objeto; con sólida base empírica y rigor metodológico, estos trabajos no encuentran el modo de flexibilizar sus estructuras para llegar a un lector que, ajeno a los protocolos científicos, busca un saber fiable que permita repensar una temática desde una óptica novedosa.

La década posteada tiene el mérito de sustraerse a estos dos modelos que oscilan entre el objetivismo inerte y el subjetivismo casi impresionista. Por un lado, su autor asume desde el comienzo la primera persona para narrar el origen remoto de su interés por el tema investigado. Lo hace indicando la temprana fascinación por la lectura, los medios de comunicación y la literatura. Esas primeras experiencias están en la base de una carrera profesional (el autor es Lic. en Ciencias de la Comunicación, Dr. en Ciencias Sociales de América Latina y becario posdoctoral) y artística (Vigna publicó tres libros de ficción), las cuales no están escindidas entre sí y encontraron en el blog un poderoso objeto de confluencia. Vigna escribe en su propio blog desde hace siete años y se dedicó a investigar unos veinticinco blogs de escritores argentinos sostenidos en el período 2002-2012. Pero por otro lado, sin bien el libro presenta un registro de escritura personal y desacartonado, no soslaya la actitud metódica que corresponde a toda investigación rigurosa. Así, delimita su objeto, justifica el corte cronológico y el perfil de los autores estudiados, va formulando las preguntas que están en la base de la investigación, la metodología de trabajo, el marco categorial utilizado y las hipótesis que pondrá a prueba. Sin sobrecargar el texto de datos duros, basa sin embargo siempre sus afirmaciones en pruebas que exhibe o las que alude y además sugiere leer el libro teniendo a la vez abierto un blog creado especialmente para archivar ordenadamente las fuentes con las que trabajó: www.ladecadaposteada.wordpress.com.

Para abordar el tema de los blogs como expresión de las nuevas tecnologías de la información Vigna parte de la presentación del problema de la técnica desde una perspectiva no instrumentalista sino como una dimensión constitutiva de la sociedad moderna. Así, la concibe como encarnación de los aspectos medulares del capitalismo y no como una herramienta neutra al servicio del hombre. En esa línea, revisa los aportes decisivos de Walter Benjamin y el tema de las transformaciones del arte a partir de la posibilidad de la reproducción mecánica y serial de las obras. De la descripción del tema del aura que hace Benjamin, Vigna no se centra en la queja por la pérdida y el cambio sino que pone el énfasis en el nuevo horizonte de posibilidades que se abre con los avances técnicos, sobre todo en el ámbito de la política pero también en el de las artes.

A continuación Vigna repasa algunos textos clásicos referidos al tópico de la “muerte del autor” (Foucault, Barthes) para concentrarse en las ideas de Paula Sibila sobre la resurrección del autor. Sibilia ha estudiado los cambios que se dan en torno a la construcción de la intimidad a partir de las nuevas formas de comunicación propiciadas por las redes sociales y por aparatos tecnológicos portables conectados a internet constantemente. Como consecuencia de estos cambios tecnológicos, los sujetos que exhiben su vida privada en las redes abandonan el conocido modelo de subjetividad “interiorizada”. En su lugar, emerge una forma de exhibición y construcción de una personalidad fijada en una actitud de autopromoción. Los blogs participan de este movimiento y por lo tanto juegan un papel específico en la dinámica del campo literario argentino que Vigna, aprovechando en este punto a los aportes de Pierre Bourdieu, describe minuciosamente.

En el contexto de la concentración de las editoriales en manos de los grandes grupos multimediáticos, el blog se les presentó a muchos autores emergentes a finales de la década de 1990 como una nueva herramienta para publicar gratuitamente, adquirir visibilidad, experimentar y, eventualmente, llegar al libro impreso, que sigue siendo la meta de todos los escritores. Siguiendo las formulaciones de Daniel Link, Vigna se pregunta por qué sigue siendo tan importante publicar libros si los textos se pueden difundir en los blogs sin que sus autores tengan que pasar por la ardua peripecia de conseguir un editor. La respuesta es que el libro tiene un “sedimiento de edición” que no poseen las publicaciones en red. El fundamento del destino libro es entonces que no hay “otro patrón de juicio sobre lo escrito” (Vigna, 2014: 160) más que el libro aunque sí hay muchos espacios de exhibición de escrituras.

Entre otros autores, en las páginas de La década posteada se aprovechan y sopesan los aportes de Sol Echevarria, Patricio Pron, Elsa Drucaroff, Josefina Ludmer y Miguel Dalmaroni para pensar la incidencia de las nuevas tecnologías en la dinámica del campo literario contemporáneo. De los dos últimos se reproduce la polémica en torno a la posautonomía; de Link el aserto de que internet obliga a repensar las relaciones entre el campo intelectual, el campo del poder y el mercado de bienes simbólicos. De Drucaroff el tema de las modalidades vinculares de los autores de la llamada nueva narrativa argentina (NNA) y la relación literatura-mercado, del cual no habría manera de sustraerse ya que es como una luz que nos baña a todos. Esta metáfora del mercado como una luz, y la posibilidad de que la literatura se le resista, le haga “sombra”, reaparece en distintos momentos y se retoma en las conclusiones, atemperando las consecuencias de una mercantilización total del campo literario cuya lógica implicaría que el blog y las nuevas tecnologías fueran en principio sólo una herramienta más a su servicio.

Luego de describir las características técnicas del blog y de brindar estadísticas sobre el auge y la decadencia de esta herramienta tecnológica, Vigna da cuenta de las funciones que cumple para los escritores. En algunos casos, el blog se asemeja a un “diario de escritores” tal como lo describen Barthes y Nora Catelli. En las entradas o “post” se consignan humores, angustias, afinidades, actividades, reflexiones, se construye una imagen y se testimonia una época. A su vez, el blog puede oficiar de “taller de frases”, un espacio donde el escritor pule su técnica y ensaya posibilidades formales y temáticas. En casos como el de Pablo Ramos, el blog tiene la función más definida de interpelar a sus lectores, ser un espacio de diálogo y ofrecimiento de adelantos de sus libros impresos. En otros casos, la función de los blogs fue republicar textos “establecidos” pensados para el papel. Para muchos, el blog ofició como plataforma de prensa y agencia de marketing, tal como lo concibió Hernán Casciari. Tanto es así que algunos escritores que lograron ser contratados por editoriales importantes recibieron por contrato la imposición de crear un blog para promocionarse y tener mayor presencia en la web (es el caso de Leonardo Oyola).

Asimismo, el blog está relacionado con el trabajo periodístico. En el caso de Guillermo Piro y otros escritores, es una suerte de portal cultural y cumple un rol semejante al de las tradicionales revistas culturales que motorizaban discusiones estéticas y políticas. El blog conjuga estas funciones periodísticas con la impronta “personal” y “relacional” (los enlaces o links a otros blogs) que se aprecia tanto en la tendencia al “autobombo”, la publicación de críticas y entrevistas propias como en las recomendaciones de colegas o de grupos afines. En ese sentido, y pese a algunos señalamientos que insinúan lo contrario, los jóvenes blogueros no se sustraen a la dinámica del campo literario definido en términos de “lucha” por la obtención de capital simbólico y económico, solo que ahora utilizan también nuevos formatos tecnológicos. Más aún, se aprecia cierta exacerbación de la agresividad y la beligerencia motorizada por la ansiedad de “hacerse un nombre antes, casi, de revisar los textos” (Vigna, 2014: 187). Esta preocupación excesiva por el reconocimiento antes de tener un mínimo dominio del oficio ya había dado lugar, unos años atrás, al neologismo “cualquierización”, acuñado por Damián Selci. Coincidiendo en este punto, Vigna afirma: “En esta perspectiva, más que cualquier otra, el blog sólo le ha lavado la cara, con un impulso mucho más ansioso que antes, a objetivos de vieja data ante todo regidos por nichos que el campo y sus relaciones sociales y comerciales determinan” (Vigna, 2014: 191).

La aparición de nuevas modalidades como twiter y facebook hicieron que el auge del blog declinara hacia 2010 y que incluso se vaticinara su muerte próxima. Sin embargo, aludiendo a otros antecedentes en los que una tecnología nueva supuestamente iba a acabar con una anterior, Vigna conjetura que es posible que las nuevas formas beneficien al blog quitándole parte de la ansiedad y el narcisismo que tenía en sus inicios permitiéndole consolidarse como una tecnología con identidad propia. De hecho, muchos de los viejos blogueros siguen activos hoy como hace una década ya que los lectores siguen fieles a la rutina de visita a sus blogs favoritos. En relación con este tema de la lectura y las proyecciones futuras, el blog se presenta como un posible fenómeno de transición entre el libro impreso y los e-books: “el blog ha tenido mucho que ver con el establecimiento de las rutinas de lecturas literarias en las pantallas, algo que podrá ser traducido y capitalizado en posibles nuevas rutinas para el libro electrónico”, todavía no explotado en argentina.

En la conclusión de su trabajo Vigna se despega de la sociología relacional de Bourdieu, tan productiva para presentar la problemática general pero con limitaciones a la hora de sugerir matices o de ensayar hipótesis que trasciendan el tema de los blogs. En esa línea presenta una especulación cuyo primer paso es poner el tema de su interés en una perspectiva mayor haciéndolo entrar en el marco de una suerte de antropología no enclavada teóricamente pero sí filiada a las especulaciones de Benjamin que lo acompañaron durante todo el trabajo. Según Vigna, tanto los llamados nativos digitales como los lectores formados en la tradición del libro impreso son, en fin, letrados, y ambos mantienen vigente una necesidad de registrar narrativamente la experiencia, lo cual es postulado como un “cualidad esencial”. Esta capacidad de narrar que Benjamin veía amenazada ya en la década de 1930 por el bombardeo de los medios de comunicación es la que sería necesario recuperar. Vigna enuncia esa necesidad mediante la figura paradojal de la expresión “involucionar hacia adelante” (Vigna, 2014: 232), es decir proponiendo que sería un avance volver a recuperar la capacidad esencial de narrar una experiencia. En medio de la sobreabundancia de información, el blog puede ser un espacio en el que se despliega la singularidad de una vivencia irreductible, la cual encuentra siempre un lector ávido de este tipo de escrituras. Con ese giro, se sustrae al blog del rol de mero gadget esgrimido por autores-estrategas en un campo literario que replica la lógica del mercado y se lo filia a la literatura, concebida como una práctica que conlleva riesgos, que busca darle sentido a la experiencia y a la historia y todavía sostiene la voluntad de inventar lo imprevisible.

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