La inversión de los signos por Marcelo Díaz

Por Marcelo Díaz

La inversión de los signos

 Lo atenuado. Javier Galarza.
2014 Audisea.
79 Páginas.

 Fuera del universo de los signos no existiría significación. O para ser más radicales: “no existe significación alguna”. El trazo de la escritura articula y reúne en un mismo territorio lingüístico lo que vemos del mundo y nuestra experiencia. Lo atenuado es un intento de revisar y tensionar esa noción que delimita el mapa de la escritura, el mapa de sentidos contenido en la escritura, porque los textos poéticos en un punto pierden su referencia concreta con la realidad. De ahí el epígrafe de Maurice Blanchot para nada casual con el que comienza el libro: “El trazo de la escritura (…) ¿El mundo? ¿Un texto? Existe una parte del mundo limitada, pequeña, un recorte borroso y móvil de lo real al que apenas asistimos: – ¿Viste cómo está temblando el mundo?– preguntó mi/ enfermera y me apretó muy fuerte el pecho–. En verdad este/ planeta no está preparado para la vida –dijo–. Es tan lindo/ volverte a ver–insistió–. Entonces me cabalgó con furia./No hay tal cosa como la tarde en los espejos –afirmó–. No/existen los poetas. Yo te lo voy a explicar. Y existen voces además que –como un oráculo distraído– buscan tender un puente entre la palabra poética y los sentidos de las cosas, que sea una enfermera el interlocutor en estos versos recuerda la idea de Deleuze, a modo de paráfrasis, el escritor, en este caso podríamos decir: el poeta, es médico de sí mismo.

¿Se puede pensar en una escritura después de la pérdida de la lengua o del idioma materno? ¿Una poética enunciada en un vacío profundo que conduzca hacia ningún lugar? Si la escritura supone, entonces, una acción parecida a la de un cartógrafo que marca coordenadas en un mapa mental los textos de Galarza nacen de espacios que pueden ser no-lugares como un aeropuerto donde los vuelos programados tienen un destino incierto y se modifican permanentemente: “Los aviones parten hacia diferentes países./Esta noche. En la que aterrizo sin luces./ Descubriste que tenías un amigo lejos./ En otra ciudad. En otro país.” Instalaciones que nos recuerdan que es un desafío construir relaciones estables con los otros y sostenerlas, la distancia en primer término es un problema de la lengua, de la dificultad para traducir los sentidos que huyen una y otra vez escapándonos como esos viajeros que parten y sabemos de antemano que no regresarán.

Escribimos también lejos de cualquier seguridad y decir “lo atenuado” constituye una invitación a superar la urgencia de escribir desde ningún lugar, es una interpretación, una tentativa, sobre aquellas imágenes o figuras o experiencias que no tienen una traducción exacta: ¿Qué cantabas/ a veces,/ cuando diluviaba/ en nuestros puertos?/ ¿Y en qué idioma,/ siempre,/ tan lejano? Hay un timbre, una especie de temblor, en la voz de los otros, como un banderín que siempre está anunciando la partida, que convierte todo lo que conocemos en una lengua extraña. La poesía, desde estos textos, sería un intento por recuperar un idioma y por invertir el orden natural de los signos hasta encontrar un orden privado parecido al silbido de una canción imaginaria que solo nosotros conocemos.

Marcelo Díaz.
 Córdoba. Abril. 2015.
 

Cuestiones de gramática.

Anduve leyendo las reglas de tu gramática. Pero cada rastro
del sujeto a seguir era un resto posible de dios.

El sujeto tácito. Creo que se trataba de eso.
No andar situándose en lo perdido con insistencia militante.

Francamente, no te leo. No puedo estar en tus zapatos.

Mi enfermera sonrió enigmática:
–¡ Qué gracioso! ¡Justo vos! ¿Le dijiste qué alguna vez
creíste en la escritura? ¿Viste que linda es la calma posterior
al pánico? – preguntó.

Cómo se recuperan los gestos del amor.
Mímica de danzarines, atrayéndose y repeliéndose en la pantomima.

Girar e invertir los signos hasta el desconocimiento.
Eso. Girar. Invertir los signos.

Hasta que la letra de los mandatos y poderes se borre como
los nombres de los enamorados en otra ventana empañada.

Mi nanny estuvo adorable. –Respirá– dijo–. Acá, afuera
del agua. Es fácil. Todo el mundo respira “afuera”.

Nada dolería nunca en este enunciado.
No. Nada dolería nunca.

Mirá, cuando llueve, a vos, te fundan las cortinas del cuarto
agitadas por el viento.

–Todos nos rompemos…–dijo mi Nurse–.¿Vos querías
hacer con los restos, con las huellas, con los rastros? ¡Ahí está!
¡Los restos, las huellas, y los rastros te hicieron a vos!

Cuestiones de gramática:

Por ejemplo si decimos: «Yo sé que tu corazón estaba muy
solo ante los poderes del mundo…»

¿Qué función cumple el yo o el en la oración?
¿Cuál es el sujeto del enunciado?

Y sobre todo.

¿Qué puede tu corazón ante los poderes del mundo?

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