SPAM. La memoria como dispositivo biodegradable en William Gibson y Borges. Por Marcelo D. Díaz

SPAM. La memoria como dispositivo biodegradable en William Gibson y  Borges.

“Miramos el presente en un espejo retrovisor. Entramos en el futuro retrocediendo.”

McLuhan Marshall

 

  1. Abordar textos literarios supone encender una maquinaria interpretativa donde se construyen sentidos en relación a las propuestas de lectura que nos ofrecen(o subyacen en) los textos mismos. Interpretar implica reunir en un espacio más o menos común significaciones que pueden provenir de diferentes universos. William Gibson, diríamos de comenzar con una pre-lectura, es considerado un autor de s.f y Borges un autor de literatura fantástica. Hay un movimiento pendular entre unos y otros textos y la posición definitiva de cada uno determinará la manera en que leeremos.

Para estos casos no desconocemos que las matrices genéricas, convenciones de lecto-escritura repetidas históricamente, pueden sernos útiles pero las subordinamos a tópicos referidos a qué se entiende por memoria desde los tres cuentos seleccionados. La literatura, a la manera de Umberto Eco, es una metáfora epistemológica, es decir: reproduce metafóricamente, y da cuenta de, un estado de la ciencia y técnica de una época. Los relatos encontrados quizá atiendan a diferentes representaciones, y usos que se hacen de ellas, que circulan en nuestra vida cotidiana instaladas en la cultura de masas: series, animaciones, películas, cine, música, etc. El desplazamiento que se haga de uno a otro género dependerá fundamentalmente de las condiciones pragmáticas en las que se produzcan las lecturas y por ahora el horizonte del lector estará focalizado en unas coordenadas precisas. En otras palabras el corpus literario construido busca complejizar e interpelar vínculos donde la experiencia personal e intersubjetiva comienza a borrar sus fronteras.

  1. No es tarea sencilla conceptualizar la noción de memoria. El problema radica en que muchos de los hechos que consideramos que, de manera asertiva y en términos proposicionales, existieron en nuestro pasado no necesariamente ocurrieron. Ya Oliver Sacks nos previene al plantearnos que resulta: “impactante darse cuenta que algunas de nuestras memorias más queridas pueden no haber ocurrido nunca – o pueden haberle ocurrido a alguien más. Sospecho que muchos de mis entusiasmos e impulsos, que parecen completamente míos, han surgido de las sugestiones de otros, que me han influido con mucho poder, consciente o inconscientemente, y luego fueron olvidadas.” La memoria opera en términos similares a los que opera nuestra imaginación y nuestra creatividad. De hecho la posibilidad de crear y de proyectarnos radicaría en la capacidad que cada uno de nosotros disponga para mantener ese delicado equilibrio entre recuerdo y olvido. Sostiene Sacks: “la creatividad debe requerir esos olvidos para que en la memoria, los recuerdos e ideas puedan nacer de nuevo y ser vistos en nuevos contextos y perspectivas”. Esto último es importante porque de existir la opción de concentrar toda nuestra experiencia hasta el mínimo detalle perderíamos el criterio para organizar los diferentes eventos que nos constituyen. Parecido al caso de John Wilkins nos transformaríamos en una enciclopedia viviente donde cada experiencia estaría desarticulada completamente de la serie mayor. Además la memoria se construye siempre en un tono dialógico, deja una puerta abierta a la experiencia con los otros. No es privada y quizá uno de los ejemplos más representativos en la literatura, en una versión monocromática por supuesto, pueda ser la del personaje Winston Smith de la novela 1984 de George Orwell, donde Big Brother termina por invadir y manipular las conciencias y con ellos la base de datos personal donde habita la singularidad de cada ciudadano de su Estado.
  2. Digamos: la memoria no dispone de mecanismos claros y explícitos pero sabemos que se produce una tensión entre la fuente de información vieja, como contenida en un disco de almacenamiento interno y la información nueva. Es semejante al planteo de Tzetan Todorov: “La memoria no se opone en absoluto al olvido. Los dos términos para contrastar son la supresión (el olvido) y la conservación; la memoria es, en todo momento y necesariamente, una interacción entre ambos. El restablecimiento entre ambos es pues algo imposible” (Todorov, 2008: 16) El recuerdo, involuntario, y la memoria como un acto de la conciencia y a voluntad. Esa distinción sirve también para distinguir y diferenciar la modalidad en que operan los ordenadores. Decir que un ordenador dispone de memoria es una falacia porque allí no hay actos voluntarios que digiten los usos que se puedan derivar de ella.
  3. “Johnny Mnemonic” narra una serie de acontecimientos que le ocurren a un traficante de información. En realidad, casi que al modo de Marshall McLuhan, el medio es el mismo mensaje. Johnny es el reservorio donde está almacenada información calificada como de alto valor: “Yo llevaba cientos de megabytes guardados en la cabeza, en una base informática del tipo idiota/sabio, a la que no tenía acceso conciente” (Gibson.1986:11) dice el narrador. En su recorrido es contratado para trasportar datos: “Ralfi [el contratista] la había puesto allí. Sin embargo, no había vuelto a por ella. Sólo Ralfi podía recuperar la información, con una clave de su propia invención. Para empezar, no soy barato, pero es que mi tarifa de almacenamiento fuera de tiempo es astronómica. Y Ralfi brillaba por su ausencia.”(Gibson. 1986: 12)Para Johnny resulta innecesario averiguar en qué consiste esa información hasta que un grupo de Yakusas y una cyborg aparecen buscando esos datos que están encriptados y cuya contraseña solo el contratista puede desactivar. El cyborg, una mujer alterada bio-mecánicamente y con una fuerza increíble, ayuda a Johnny a huir de la mafia oriental. Lo traslada a un espacio underground, imperceptible para cualquier dispositivo de rastreo en el planeta, y mediante un arma de inteligencia de guerra, un delfín con conciencia conectado también a una compleja pecera llamado Jones, logran descifrar el password. Para ello utilizan una herramienta sofisticada: el calamar. Únicamente Jones puede, sabe, emplear ese artefacto. Pasado el tiempo conforman una comunidad que se dedica a traficar bytes. Johnny nos cuenta: “Y los tres [Johnny, Molly y Jones] estamos haciendo mucho dinero, más dinero que el que hacíamos antes, porque el Calamar de Jones puede leer las huellas de todo lo que me han almacenado en la cabeza, y me lo dice en el monitor en lenguajes que entiendo. Así que estamos aprendiendo muchas cosas acerca de mis anteriores clientes. Y un día haré que un cirujano me saque todo ese silicio de las amígdalas, y viviré con mis propios recuerdos y con los de nadie más, como el resto de la gente. Pero todavía no”. (Gibson. 1994: 16) El final, el discurso de Johnny, nos invitan a pensar que su memoria está alterada por recuerdos e información que no le son propios. Si somos cómo nos narramos, en otras palabras: si somos quiénes nos narramos, cabe preguntarse de qué manera se está construyendo la identidad de Johnny. Está presente no sólo este uso involuntario de la memoria de los otros, también se realiza un uso coercitivo mediante aquellos que se encargan de regular el negocio del tráfico de megabytes. Si Ralfi lo deseaba podía anular por completo a Johnny y éste no tendría ninguna oportunidad para salvarse. Así la memoria juega un doble papel en este caso y se transforma en un bien no sólo simbólico sino en uno de aquellos bienes que cotizan altamente en bolsa.

3.1.La memoria de Shakespeare” es un relato en el que Borges nos presenta a Hermann Soergel, un erudito de principios del siglo XX especializado en la obra del genio anglosajón. En la narración Soergel tiene la posibilidad de aceptar un don: la memoria de otro. Este don simplemente acontece con una aceptación de palabra por quién lo desee. Hay una migración de esa memoria. Quién se la entrega a Hermann explica: “Tengo, aún, dos memorias. La mía personal y la de aquel Shakespeare que parcialmente soy. Mejor dicho, dos memorias me tienen. Hay una zona en que se confunden. Hay una cara de mujer que no sé a qué siglo atribuir” (Borges a.1998: 19) Convivir con una memoria alterna implica convivir no con la biografía de otro, como en el mejor de los casos podría ser un holograma, sino más bien con otra persona literalmente cuya existencia cobra en forma progresiva mayor materialidad. La memoria, explica el portador anterior: “Surgirá en los sueños, en la vigilia, al volver las hojas de un libro o al doblar una esquina. No se impaciente usted, no invente recuerdos. El azar puede favorecerlo o demorarlo, según su misterioso modo. A medida que yo vaya olvidando, usted recordará. No le prometo un plazo” (Borges a.1998: 20) De a poco ese conglomerado de experiencias alternas comienza a invadir en modo literal la conciencia y la vida privada del erudito: “Quien adquiere una enciclopedia no adquiere cada línea, cada párrafo, cada página y cada grabado; adquiere la mera posibilidad de conocer alguna de esas cosas. Si ello acontece con un ente concreto y relativamente sencillo, dado el orden alfabético de las partes, ¿qué no acontecerá con un ente abstracto y variable, ondoyant et divers, como la mágica memoria de un muerto?”(Borges a.1998: 21)  El problema, igual que en Johnny Mnemomic, es que se trata de una memoria aleatoria como si estuviese encendida en modo random: nunca se sabe con precisión cuáles serán las experiencias que serán traídas al presente. En el devenir y la expansión de esta memoria gregaria nuestro personaje entiende que: “las tres facultades del alma humana, memoria, entendimiento y voluntad, no son una ficción escolástica. La memoria de Shakespeare no podía revelarme otra cosa que las circunstancias de Shakespeare. Es evidente que éstas no constituyen la singularidad del poeta; lo que importa es la obra que ejecutó con ese material deleznable. (Borges a.1998: 21) Es decir: la obra de un autor es independiente muchas veces de sus circunstancias personales. Y su vida es menos que un accesorio a la hora de interpretar sus textos y la magnitud de su producción estética. Con el tiempo Soergel comienza un proceso de despersonalización: “En la primera etapa de la aventura sentí la dicha de ser Shakespeare; en la postrera, la opresión y el terror. Al principio las dos memorias no mezclaban sus aguas. Con el tiempo, el gran río de Shakespeare amenazó, y casi anegó, mi modesto caudal. Advertí con temor que estaba olvidando la lengua de mis padres. Ya que la identidad personal se basa en la memoria, temí por mi razón”. (Borges a.1998: 22)Y ese proceso en el que la subjetividad comienza a tornarse borrosa, como un sello de agua, culmina con la disolución completa de la figura del Yo. Fuera de esa memoria externa y plagada de relaciones inconexas no hay mundo posible tanto en la esfera de lo público como de lo privado.

3.2. “Funes el memorioso” es otro relato de Jorge Luís Borges en el que un joven tras un accidente adquiere una memoria prodigiosa. Tiene la capacidad para recordar hasta experiencias minúsculas. La memoria aquí aparece como una cualidad excepcional. Cada recuerdo mantiene una relación compleja con la red de recuerdos que configuran la conciencia: “Esos recuerdos –dice Borges- no eran simples; cada imagen visual estaba ligada a sensaciones musculares, térmicas, etc. Podía reconstruir todos los sueños, todos los entresueños. Dos o tres veces había reconstruido un día entero; no había dudado nunca, pero cada reconstrucción había requerido un día entero. Me dijo: Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo. Y también: Mis sueños son como 1a vigilia de ustedes. Y también, hacia el alba: Mi memoria, señor, es como vaciadero de basuras.”(Borges. 1998:131) Lo paradójico es que la capacidad para recordar de manera plena y detallada lo que sea tiene una doble valencia: por un lado es un destreza pero por otro es un espacio donde terminan por caer residuos: experiencias que no tienen ninguna significación. El estado de la memoria es superlativo pero por momentos se producen asociaciones entre el universo de los números y del lenguaje natural que no son coherentes: “Locke, siglo XVII, postuló (y reprobó) idioma imposible en el que cada cosa individual, cada piedra, cada pájaro y cada rama tuviera nombre propio; Funes proyectó alguna vez un idioma análogo, pero lo desechó por parecerle demasiado general, demasiado ambiguo. En efecto, Funes no sólo recordaba cada hoja de cada árbol de cada monte, sino cada una de las veces que la había percibido o imaginado” (Borges. 1998: 133) Pensar en una relación/ clasificación o jerarquía en este universo de significaciones no es posible. Muy por el contrario las aguas de la memoria desbordan el dique mismo de la experiencia personal como un embalse que ya no puede mantenerse firme en sus cimientos.

Aproximaciones.

  1. A escala microscópica la memoria adquiere proporción dentro de los límites de la subjetividad. Como quiere Piglia a partir de su lectura de Borges: “el acto de leer articula lo imaginario y lo real… la lectura construye un espacio entre lo imaginario y lo real, desarma la clásica oposición binaria entre ilusión y realidad” (Piglia. 2010:31) En otros términos: durante esta articulación, o desarticulación, entre las líneas de puntos que separan los espacios de la ficción y de la realidad se construyen lecturas sobre el mundo. Lo primero es recordar esta idea, tanto en Johnny, como en Funes o Soergel, el olvido se transforma en una tarea imposible y la memoria se puede transformar en malware. Vattimo, por ejemplo, concibe que en la época actual no están dadas las condiciones para crear olvido. El pasado regresa, como una cinta de moebius, eternamente en el presente. Ese regreso es inevitable porque está atravesado por una fuerza histórica que determina la manera en que nos narramos. La cuestión consiste en que, al igual que la memoria RAM, se puede activar o sobrescribir no siendo necesario seguir un orden, o jerarquía, para acceder a la información deseada.

Si aceptamos que la forma y el contenido de la memoria se dispersan como partículas elementales en múltiples direcciones simultáneamente entonces quedará pendiente la pregunta sobre: cómo le atribuimos cohesión a nuestra vida y a nuestra identidad. Sino hay intervalos, sino hay espacios en blanco para que el olvido se auto ejecute, sometidos a un flujo y a una migración continúa de datos, ergo, se diluye el horizonte semántico para el cual vivimos y nos proyectamos. Construir en este sentido es el equivalente a realizar una tarea de arqueólogo, capa tras capa de información, como cavando un túnel en un basural repleto de basura informática.-

 

 

Bibliografía:

Arfuch, L: Identidades, sujetos y subjetividades. Prometeo. 2002. Argentina.

Arán, P: Interpelaciones. Hacia una teoría crítica de las escrituras sobre la dictadura y la memoria. UNC. 2010. Argentina.

Borges, J: Ficciones. Alianza. 1998. Madrid.

Borges, J: La memoria de Shakespeare. Alianza. 1998. Madrid.

Eco, U: Obra abierta. Planeta. 1992. Bs.As.

Lorca, J: Historia de la ciencia ficción: y sus relaciones con las máquinas (de las naves espaciales a los cyborgs) Capital Intelectual.2010. Argentina.

Link, D: Escalera al cielo: utopía y ciencia ficción. La marca editora.1994. Argentina.

Marshall McLuhan, Quentin Fiore. El medio es el mensaje. Editorial Paidós. 1997. Argentina.

Piglia, R: El último lector. Anagrama. 2005. Argentina.

Ricoeur, P: La lectura del tiempo pasado; memoria y olvido. Arrecife. 1999. España.

Todorov, T: Los abusos de la memoria. Paidós. España. 2008

Vattimo, G: El imposible olvido. Editorial Nueva Visión.2006. Bs.As.

Gibson, W: Quemando cromo. 1994. Ed Minotauro. España.

Sacks, O: Recuerdos prestados: sobre la memoria. En línea 7 de Junio 2013.  http://wondrus.la/ciencia/psicologia/memoria-oliver-sacks.

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